Micrófono en blanco y negro

La vida de Sister Rosetta Tharpe en siete actos

Cotton Plant: si el nombre de una ciudad lo estuviera determinado por lo que hacen sus habitantes, esa ciudad de Arkansas tendría el nombre perfecto; si el nombre de aquella ciudad hubiera determinado lo que hacían sus habitantes, Sister Rosetta Tharpe (Cotton Plant, 20/03/1915 – Philadelphia, 9/10/1973) habría ingeniado la forma de nacer en otro lugar. 

Como casi todos en aquella pequeña ciudad, los padres de Rosetta eran recolectores de algodón. Aparte de que cantaba, poco más se sabe de su padre. Sin embargo, su madre —Katie Bell— marcó su vida hasta convertirse en la única constante, además de la música, en la vida itinerante de Sister Rosetta Tharpe. Bell era una ferviente creyente y participaba activamente en los oficios religiosos, incluso predicaba, ya que su congregación permitía predicar a algunas mujeres. Y participar en aquellos oficios significaba cantar y tocar algún instrumento. Pero ésta es la historia de Sister Rosetta Tharpe, no la de su madre.

Tharpe ya era considerada a los cuatro años una niña prodigio que cantaba y tocaba la guitarra. Con menos de seis años su madre la había integrado junto a ella en una troupe que recorría algunos estados sureños de Estados Unidos en celebraciones que eran mitad sermones y mitad conciertos de gospel donde los fieles se dejaban llevar por aquel “milagro que cantaba y tocaba la guitarra”.  

1. CHICAGO:

La vida en Cotton Plant se interrumpió para Rosetta cuando su madre decidió que debían mudarse. A principio de los años veinte Rosetta y su madre se instalan en Chicago. Sus apariciones en la iglesia pentecostal de la calle 40 dejarían huella. Aunque aquello no sería lo más importante que le ocurrió a Rosetta en Chicago. La ciudad hervía en aquellos años. Al éxodo rural que se aglutinaba en la ciudad había que añadir un elemento único: Chicago fue el lugar donde confluyeron el viejo blues del delta del Mississippi y el exuberante jazz de Nueva Orleans, algo que no iba a pasar desapercibido para Rosetta. Este clima musical tan diferente a sus raíces, Tharpe venía del folk y la música religiosa, hizo que entrase en contacto con una música más urbana y, por supuesto, profana, casi herética. 

En Chicago tarda poco en convertirse en la gran atracción de su iglesia, de allí viene la anécdota de una joven Rosetta que durante los oficios religiosos tocaba la guitarra y cantaba subida a un piano mientras agitaba a toda la congregación. Aunque de sus primeras actuaciones no hay registros, Rosetta aprendió pronto a manejar los tiempos y sabía como actuar. Su personalidad y su potente presencia escénica se convertirían en su carta de presentación. Su amigo Ira Tucker Jr. la definiría décadas más tarde como alguien “capaz de tener un cara a cara con cada miembro de la audiencia”. 

Poco después de llegar a Chicago, como había hecho en Cotton Plant, Katie Bell empieza a llevar a su hija de ciudad en ciudad “actuando” en iglesias y tabernáculos. Aunque actuar sea, probablemente, el concepto más adecuada, lo cierto es que Rosetta era una parte indispensable de aquellos oficios religiosos. En estas ceremonias, a veces anunciadas con semanas de antelación, predicaba junto a su progenitora o junto a un pastor con el que acabaría casándose por indicación de su madre. 

Con tan sólo 19 años, Rosetta contrae matrimonio con el predicador Thomas Thorpe, bastante mayor que ella y miembro de la Iglesia de Dios en Cristo (COGIC por sus siglas en inglés). Eso sí, el matrimonio duró poco. Como era de esperar, aquello no funcionó, pero una deformación del apellido de aquel primer marido se convertiría en el apellido que acompañó a Rosetta a la posteridad y con el que se daría a conocer en lo sucesivo. 

Para el pastor Robert Hargrove (miembro de la Church of God in Christ de Philadelphia), en aquella época la gente “hablaba de sufrimiento”, sin embargo, “Rosetta expresaba libertad y levantaba a la congregación”. Como si se hubiera saltado más de una generación, esa búsqueda de libertad es uno de los elementos que definen a Rosetta como precursora de la rebeldía que años después caracterizaría al rock and roll y posteriormente al rock. La raíz de ese sentimiento de libertad que expresaba debía estar en su sangre desde su nacimiento. Rosetta no era libre porque se creyera libre, lo era porque ejercía su libertad y así lo hizo durante toda su vida.

Las apariciones de Rosetta y su primer marido en Florida se hacen famosas, sobre todo gracias a una radio que retransmitía los sermones que se celebraban en el templo de Miami de la COGIC. De esa época viene una anécdota que Gayle Wald (profesora de la Universidad George Washington y biógrafa de Sister Rosetta Tharpe) recuerda en una entrevista que le hicieron a raíz de la publicación de la biografía Shout, Sister, Shout! Cuenta Wald que uno de los testimonios que más le emocionó durante el proceso de documentación para su libro fue el de Zeola Cohen Jones, una de las muchas personas que vieron a Rosetta en Miami y que presenció como los “blancos, incluido judíos, iban a la iglesia para escuchar a Rosetta y lanzaban dinero, no sólo apreciando la música, sino como agradecimiento al show que estaban presenciando”.

Sister Rosetta en una foto de estudio - JAMES KRIEGSMANN/MICHAEL OCHS ARCHIVES/GETTY IMAGES
Sister Rosetta en una foto de estudio – JAMES KRIEGSMANN/MICHAEL OCHS ARCHIVES/GETTY IMAGES

2. UNA NUEVA VIDA EN NUEVA YORK

Tras su corto matrimonio —aunque tardó en divorciarse, el matrimonio realmente duró apenas unos años—, Rosetta, siempre acompañada de su madre, se muda a Nueva York buscando una nueva vida. Es en esta ciudad donde dará un paso más en su carrera y dejará de dedicarse en exclusiva a loar a dios con su música. 

En el famoso Cotton Club se inicia en el camino de la música profana. En este local legendario al que los blancos iban a escuchar a los artistas negros, entre bailarinas con poca ropa y músicos de primer nivel —coincidió con estrellas como Cab Calloway y Duke Ellington—, Rosetta se convertirá en un éxito instantáneo cantando canciones que poco tenían que ver con lo que cantaba en la iglesia, levantando así una gran polvareda entre los feligreses. Poco después de llegar a Nueva York, en 1938, firma un contrato con Decca, una compañía que tenía en nómina a muchas de las estrellas de entonces. Aunque hubiera preferido otra cosa, Katie Bell apoyó a su hija en su nuevo camino en la industria musical. De esa época es una canción como I want a tall skinny papa, que no fue su primer éxito, pero sí uno de los mayores, y rompió con su imagen de buena chica que hasta entonces había proyectado.

A pesar de las críticas por cantar canciones frívolas para la audiencia blanca, Rosetta no vivió aquel cambio como un problema. Decidió que cantaría gospel en la iglesia y se uniría al show business. No era ésta la primera convención que rompía en su vida. Tampoco sería la última. 

Lo cierto es que no se sabe muy bien hasta que punto estaba contenta con ese tipo de canciones, el repertorio venía casi siempre marcado por Decca y Lucky Millinder, el líder de la banda en la que ella era poco más que la cantante. Para compensar el gran impacto que produjo que interpretara I want a tall skinny papa, una canción tan atrevida para aquellos tiempos, Rosetta volvió al gospel con una interpretación acelerada del clásico de gospel The lonesome road. Así logró cantar las mismas canciones en la iglesia y en los clubes nocturnos que frecuentaba la audiencia blanca. Aunque esa dualidad no parece que fuera realmente un problema ni para ella ni para el público. Tucker Jr., amigo de Rosetta hasta su muerte, consideraba que “podía ir y venir de la iglesia cuando quisiera, porque la gente la amaba”. 

Con apenas 25 años Rosetta ya se codeaba con los grandes músicos de la época y se posicionó como una de las grandes cantantes del momento. Además, empezaba a cantar las canciones que ella misma elegía y con su propio estilo: el estilo de Sister Rosetta Tharpe.

3. RICA, FAMOSA, QUERIDA POR SUS SEGUIDORES (Y NEGRA) 

Sister Rosetta Tharpe fue la primera superestrella del gospel y se pasó los años cuarenta casi enteros de gira por Estados Unidos, al principio a las ordenes de Lucky Millinder y su banda y posteriormente, tras lograr dirigir su propia carrera, con bandas como The Dixie Hummingbirds y grupos vocales como The Jordanaires —grupo vocal que años después acompañaría a un tipo de Tupelo llamado Elvis—. En aquellos shows de los años cuarenta, Rosetta ya era considerada una gran estrella y las colas para sus conciertos eran increíbles.

Durante la II Guerra Mundial grabó algunos temas para los programas de entretenimiento que el ejército norteamericano ofrecía a los reclutas negros. Y es que los soldados afroamericanos amaban a Rosetta y la consideraban una de los suyos. La música de Rosetta seguía siendo la música de gente que quería algo más que sobrevivir, como ella misma había hecho.

Aunque Rosetta fuera una estrella, también era “negra”, lo que le obligaba a vivir una triste realidad. Una realidad que mostró en el que probablemente fue su mayor éxito, Strange things happening everyday —una pieza que en 1945 fue la primera canción de gospel en alcanzar el top 10 de las listas de Rhythm & Blues—. Con algunos de los elementos que acabarían formando parte del ADN del rock and roll, la canción muestra algunas de las contradicciones de aquel tiempo. El tema se publicó tras finalizar la II Guerra Mundial, un momento caracterizado por un ambiente de felicidad y libertad, aunque no para los negros, mucho menos para las mujeres negras. Cuenta Gordon Stoker, de The Jordanaires,  que “Sister Rosetta fue la primera en tener un autobús con su nombre en él”. Es el mismo autobús que Lottie Henry (miembro de The Rosettes, un grupo de coristas que acompañó a Rosetta durante muchas de sus giras) recordaba con camas en la parte trasera, ya que por ser negros “no nos podíamos quedar en algunos hoteles y teníamos que dormir en el autobús”.

Aquella época estelar de Rosetta por las carreteras norteamericanas está llena de anécdotas absurdas como consecuencia de la infame segregación racial. La propia Lottie Henry presenció muchas de aquellas situaciones ridículas, como las veces que conseguían que le sirvieran por la puerta trasera de los diners de carretera a condición de que se montaran en el autobús y se fueran, “no nos dejaban comer en el aparcamiento”, no atendían a negros. Gordon Stoker, por su parte, recuerda como a veces aprovechaban que The Jordanaires eran blancos para entrar en los restaurantes a comprar comida y llevársela al autobús al resto de los miembros de la gira. Este grupo vocal rompió una importante barrera al integrarse en una gira de músicos negros, aunque no sin algún sobresalto. El propio Stoker rememora como al aparecer en el backstage el día de su primera actuación a todo el mundo le sorprendió que fuesen “blancos”. 

4. UNA GIRA DE DOS MUJERES 

Con 30 años y tras dos matrimonios breves e infelices —Rosseta había vuelto a casarse a final de los años treinta, aunque su matrimonio duró poco más que el primero—, las únicas constantes en su vida habían sido su madre y la música. En la primavera del 46 conoció a una cantante llamada Marie Knight y supo ver en ella un talento especial. Rosetta la invitó a girar con ella por el circuito de gospel y juntas grabaron un clásico del gospel como Up above my head, eso sí, en una versión bastante vitaminada que no tardó en popularizarse entre el público americano. El éxito del dúo provocó un hito histórico: dos mujeres (negras, para mayor escándalo en un tiempo como aquel) de gira sin más compañía que ellas mismas. Las dos viajaban en coche y eran su propia banda: Marie cantaba, tocaba el piano y la percusión, mientras que Rosetta ponía su voz única, se desempeñaba en el piano y, por supuesto, la guitarra, instrumento con el que era una virtuosa. Además de su peculiar y enérgico estilo que sirvió de inspiración a todos los pioneros del rock and roll, fue una pionera añadiéndole distorsión a la guitarra eléctrica. Su maestría fue recibida con piropos tan extraños como “tocas como un hombre”. Y es que el hecho de que una mujer tocara la guitarra en aquella época era algo casi tan extraño como que dos mujeres negras fueran de gira por su cuenta. 

La sociedad musical entre Knight y Tharpe se rompió en 1950. La madre y los dos hijos de Knight murieron en un incendio dejando en estado de shock a la cantante que decidió abandonar la carretera. Esto también puso punto y final a la relación sentimental que mantenían, aunque Knight no sería la única amante femenina que tuvo Rosetta. 

5. UNA BODA EN UN ESTADIO DE BASEBALL

En 1951 Rosetta decidió ponerse el mundo por montera de nuevo y esta vez lo iba a hacer en el Griffith Stadium de Washington D. C. celebrando su boda con una ceremonia que presidió el reverendo Samuel Kelsey. Rosetta, que ya por entonces manejaba las claves del mundo del espectáculo, quería llevar a cabo el plan, a pesar de no tener con quien casarse. Pero aquel problema se arregló 2 o 3 semanas antes de la boda. Tharpe tuvo la idea de proponerle matrimonio a Russell Morrison, su manager. Este aceptó y se convirtió en su tercer y último marido.

Se vendieron las 25000 localidades del estadio, además de los derechos de grabación del evento a la discográfica DECCA que acabó publicando un disco con grabaciones del evento llamado The wedding ceremony of Sister Rosetta and Russell Morrison. Según Gayle Gald, además de pagar su entrada, muchos de los asistentes se presentaron con regalos de boda de lo más típico: “cristalerías, vajillas e incluso una televisión”. La hija de aquellos recolectores de algodón sabía como montar un show. 

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Portada del disco The wedding ceremony of Sister Rosetta and Russell Morrison

Mientras, en el delta del Mississippi, donde Rosetta pasó parte de su infancia, algunos músicos blancos como un desconocido llamado Elvis Presley iban a las iglesias a conocer el gospel y empaparse de su ritmo, exactamente lo que Rosetta había sacado de las iglesias años antes. George Klein, amigo de Elvis, considera que el gospel dio a la música pop “las tripas, el sentimiento y el alma”, algo que Elvis, Johnny Cash, Carl Perkins y un largo etcétera de músicos convertirían en esencial para lo que se acabaría llamando rock and roll. Por su parte, Gordon Stoker cree que Rosetta “fue una inspiración” para los pioneros del género gracias a su forma de interpretar.

Pero no acaban aquí las buenas palabras dedicadas Rosetta. Bob Dylan la definiría décadas después de su muerte en una de las emisiones de sus ‘Theme Time Radio Hour’ como “divina”, “una fuerza de la naturaleza”, además de considerar que con sus giras por el Reino Unido empujó a muchos jóvenes británicos a agarrar una guitarra eléctrica.

6. PRIMERO INGLATERRA, LUEGO EUROPA

La estrella de Sister Rosetta Tharpe se había atenuado en su país de origen, en parte ocultada por los pioneros del rock and roll, pero eso no disminuyó su actividad. 

Rosetta y Russell —seguía siendo su manager— se embarcaron en 1957 en un viaje a Inglaterra donde Rosetta fue agasajada como una estrella y una pionera del rock and roll. Tras aquella visita, Rosetta regresó con regularidad. Francia, Alemania, Reino Unido, Escandinavia e incluso España, en concreto un par de conciertos en Barcelona el año 1958, recibieron la visita de la cantante durante los años posteriores. 

Pero si hay una gira que muchos recuerdan y que ha pasado a la historia fue la ‘Folk, Blues and Gospel Caravan’ de 1964. En ella, Rosetta compartió cartel con Muddy Waters entre otros músicos de la generación anterior al nacimiento del rock and roll y el peculiar concepto de la gira provocó imágenes imborrables como las que registró Granada TV en Manchester. Presentada en mitad de una estación de tren por un pianista viejo como la música que tocaba, Rosetta baja de un coche de caballos y ni siquiera la lluvia la distrae. El clima, tan alejado del de su Arkansas natal, y la imagen tan chocante, una estación de tren con el público a un lado de las vías y el escenario al otro dan igual, todo se para ante aquella mujer que ataca Didn’t it rain con una Gibson SG colgada de su cuerpo rotundo cubierto con un abrigo de paño como el que llevaría cualquier señora de su edad un día de frío. Rosetta tenía entonces 49 años y había estado girando más de 40. 

Es cierto que todo el mundo recuerda a Muddy Waters en el Reino Unido por los Rolling Stones, pero en palabras de Joe Boyd, tour manager de aquella gira, Rosetta fue “un gran éxito”. 

En 1968 muere Katie Bell. La figura que había estado junto a Rosetta todo el tiempo desaparece, un hecho que transforma a la cantante. Nunca volvió a ser la misma. Al golpe del fallecimiento de su madre se añadió poco después una enfermedad crónica, le diagnostican diabetes.

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Sister Rosetta Tharpe junto a su madre, Katie Bell

7. UNA TUMBA SIN NOMBRE

A raíz de un infarto sufrido en 1970 las actuaciones de Rosetta disminuyeron. De ese año es la última grabación en directo que se conserva de la cantante, un concierto en Copenhague. En esas imágenes en blanco y negro, una Rosetta emocionada se confiesa ante el público: su madre había muerto hacía 2 años y la había “dejado sola”. Todo ese dolor cristaliza en una voz todavía perfecta —si cabe más densa, oscura y profunda— que acompaña con su extraordinaria guitarra eléctrica. Rosetta hace arder al público con una interpretación de Precious Lord imperecedera. 

Poco después de aquel concierto en Copenhague tuvo que interrumpir la gira por problemas de salud y regresar precipitadamente a Estados Unidos. Fue entonces cuando le apareció una mancha gris en la pierna y aunque alguna amiga le recomendó ir al médico ella se resistió. Cuando los doctores la vieron ya era demasiado tarde, la mancha era una complicación derivada de la diabetes y tuvieron que amputarle la pierna. Después de eso su salud fue empeorando más rápidamente. Recibir visitas de sus amigos, algo que Russell no veía con buenos ojos, se hizo más difícil. Su marido sólo estaba interesado en saber si volvería a salir de gira. 

Rosetta murió en su cama 9 de octubre de 1973 tras un segundo infarto. Tenía una sesión de grabación programada para el día siguiente. Marie Knight, su socia de correrías musicales y amante, se encargó de que todo estuviera preparado para su despedida, sin embargo tuvo un funeral discreto y la iglesia ni se llenó. Debido a problemas financieros, fue enterrada en una tumba sin nombre en el Northwood Cementery de Philadelphia, ciudad donde residía entonces. 

Y así fue hasta que en 2008 se organizó un concierto homenaje y con lo recaudado se costeó una lápida. Desde entonces la tumba de Rosetta está presidida por una lápida granate con una inscripción a su altura: “She would sing until you cried, then she would sing until you danced for joy. She helped to keep the church alive and the saints rejoicing”. Una frase que une la dimensión profana y religiosa de Rosetta, aunque probablemente para ella era todo lo mismo: música y libertad. 

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