Las vidas de una canción

En 1982 Paul Scharder dirigió Cat People (El beso de la pantera en España), una cinta de terror erótico protagonizada por Nastassja Kinski. Se trata de un remake del largometraje con el mismo nombre que en 1942 había dirigido Jacques Tourneur (conocida en España como La mujer pantera). Al final de la película de Schrader una composición genial acompañaba los títulos de crédito. Giorgio Moroder, a quien habían encargado la banda sonora de la película, compuso una canción que con los años trascendería a la propia película. Pero no lo hizo solo.

A esas alturas David Bowie ya había cambiado la historia de la música varias veces, sin embargo guardaba talento suficiente para mucho más. Cuando Moroder ya tenía compuesta y grabada la mayoría de la banda sonora, Paul Schrader convenció a Bowie para ponerle letra a lo que iba a ser el tema principal de la película. Fruto de la colaboración entre Moroder y Bowie nació Cat People (Putting Out Fire), un tema único que pasaría la historia superando merecidamente a la película, entre otras razones porque un por entonces anónimo experto en cine la rescataría más de 20 años después en una de sus películas. Según este peculiar personaje “Paul Schrader no usó la canción en la película. Sólo la lanzó en los créditos finales”.

Cartel de la película 'Cat People', 1982
Cartel de la película 'Cat People', 1982

Con una producción deudora de la época, Cat People (Putting Out Fire) comienza con un sonido muy atmosférico basado en sintentizadores (Moroder es un maestro y pionero en este tipo de sonidos) y con un Bowie ejerciendo de crooner (casi recita más que canta durante el comienzo) sobre texturas tenebrosas hasta que la canción rompe y se convierte en una pieza de puro rock, pero sin renunciar a sonidos ochenteros: guitarras eléctricas, coristas, percusiones muy sólidas y, entonces sí, Bowie cantando en su esplendor, como muestra el “gasoline” que estira hasta casi el infinito a la vez que la canción se dispara. Aunque la voz de Bowie vuelve a tomar matices de crooner en algunos momentos de la canción, el sonido rockero ya no abandona el tema.

La letra hace referencia a algunos motivos que aparecen en la película pero, como las grandes obras, tiene la virtud de trascenderlos hasta lugares que, como mínimo, resultarían impensables. Lo veremos más tarde.

Bowie no se olvidó de la canción y la quiso incluir en su disco Let’s dance, a pesar de verse obligado a regrabarla por una cuestión de derechos —contó con la presencia del genial Steve Ray Vaughan a la guitarra—. El tema también apareció en uno de los directos que publicó a lo largo de su carrera, pero la perfección de aquella grabación que ilumina el final de la película de Schrader no ha sido igualada hasta la fecha. Ese registro fue el que décadas después rescató Tarantino para Inglourious Basterds. Sí, aquel anónimo experto en cine era Quentin Tarantino. Y desde que escuchó la canción en la película le quiso hacer justicia. No paró hasta conseguirlo.

El factor Tarantino
En 1982 Tarantino trabajaba en el videoclub Video Archives y ya entonces consideraba que si tenías algo así creado ex profeso para tu película había que “construir una secuencia de 20 minutos en torno a ella”. No importó que la canción no hubiera sido escrita para su película, Tarantino hizo lo que consideraba que Schrader debía haber hecho. No fueron 20 minutos, pero creó una escena magistral en torno a aquella canción.

Más de 25 años después del estreno de la cinta de Schrader, Tarantino estrenaba Inglorious Basterds y grababa a fuego en la historia del arte algo más de 4 minutos de cine sobre el fondo que crearon David Bowie y Giorgio Moroder. Tarantino había reparado la historia y tenía su escena con Cat People (Putting Out Fire), una escena que encajaba tanto en forma como en fondo en su película. La canción parecía haber sido escrita para esos cuatro minutos en los que Shosanna Dreyfus se quita la máscara de Emmanuelle Mimieux y muestra lo que nunca había dejado de ser. El segmento es tan perfecto que incluso la letra  contiene imágenes que son imposibles de separar del propio personaje creado por Tarantino.

“Feel my blood enraged / […] / Don't you know my name? / […] / You wouldn't believe what I've been through”

Tarantino intentó montar la escena con 3 versiones diferentes y acabó usando la que se editó como single por razones de “timing”. La misma edición que llegó a ser número 1 en Nueva Zelanda y que era significativamente más corta que la mezcla aparecida en la película de Schrader. Tarantino la hace sonar entera sobre escenas en las que Emannuel Minieux (la actriz Melanie Laurent) se prepara para llevar a cabo su venganza. Una venganza muy cinematográfica enmarcada por pinturas de guerra y llena de fuego. Gracias al montaje ¿perfecto?, la canción es mucho más efectiva en Inglorious Basterds.

En la concepción del cine que tiene Tarantino, la música presente en las películas “tiene un efecto” y no es un mero adorno, con esta escena, como casi siempre, no sólo lo reafirma sino que ejerce su magisterio. Otra idea “tarantiniana” a la hora de hacer cine es que si usa una pieza musical que ha aparecido anteriormente en una película es para provocar una sensación diferente, algo que evidentemente cumple aquí.

Tarantino se apoderó de la canción, pero Schrader no lo hizo todo mal. Al director alemán hay que reconocerle el buen uso que hizo de la composición de Moroder durante toda la película. Y es que si bien la usa para la lanzarla sin más —como dijo el propio Tarantino— al final de la película, durante el largometraje la melodía de Moroder es recurrente y mete al espectador dentro de las escenas a las que sirve de fondo musical (por ejemplo al principio). En ese sentido cumple a la perfección la misión con el que fue compuesta: ser parte de la película y empujar al espectador hacia el lugar en el que Schrader quería ponerlo.

Volviendo a Tarantino, no era ésta la primera vez que “el genio de Knoxville” recuperaba temas o volvía a poner en órbita a artistas que habían quedado al margen de las mayorías o directamente en el olvido. Sólo Pulp Fiction significó la vuelta al candelero del recientemente fallecido Dick Dale o de Dusty Springfield, sin olvidarnos de un músico reconvertido en reverendo que se encontraba lejos de su mejor época en términos de popularidad: Al Green (fuera de delirios religiosos y excentricidades, vaya historión tiene este tipo).

Algo parecido ha ocurrido recientemente con Bring a Little Lovin’, el tema de Los Bravos que ha usado en el trailer de Once upon a time in Hollywood, un tema compuesto por Harry Vanda y George Young, este último hermano de los hermanos Young de AC/DC. 

Otros también supieron ver el potencial
Aunque Tarantino es quien más partido ha sabido sacarle a Cat People (Putting Out Fire) en el cine, no ha sido el único que la ha rescatado. Ya en 1998 había formado parte de la banda sonora de la poco conocida Firestorm, también de una escena de la quinta temporada de The Office (2009) y en 2017 aparece en Atomic Blonde (Atómica en España), de David Leitch. Sin rozar siquiera la perfección que consiguió Tarantino, Leitch es capaz de crear una escena inicial más que decente en la que Cat People (Putting Out Fire) vuelve a “saber estar” en una película. A pesar de haber sido compuesta con una misión concreta y de ser una obra en sí misma, la canción se presta a embellecer casi cualquier fragmento audiovisual e invita a la acción. Pareciera que los autores hubieran tenido mayor visión cinematográfica que el propio Paul Schrader.

En el terreno estrictamente musical, la composición tampoco ha pasado desapercibida, además del propio Bowie (ya hemos dicho que la publicó en uno de sus discos de estudio y no renunció a tocarla en directo, comprensible por la calidad del tema), Sharleen Spiteri —líder de la banda escocesa Texas— la grabó en un disco que dedicó a temas aparecidos en películas, en este caso haciendo una interpretación muy alejada de los sintetizadores y el rock. Spiteri se decantó por una interpretación de evidentes reminiscencias jazzísticas con un comienzo prácticamente a capella. No ha sido la única relectura que se ha hecho hasta la fecha.

Más apegada al registro de Moroder y Bowie, en 2016 Shooter Jennings decidió incluirla en su disco Countach (for Giorgio) —el “for Giorgio” del título no hacía referencia al compositor—, en ella Jennings se hizo acompañar del polifacético Marylin Manson.

Curiosamente la canción se publicó acompañada de un video en 16 bits bastante peculiar, como si esta composición estuviera indisolublemente conectada con creaciones audiovisuales bastante particulares.

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