Un hotel, un restaurante y una bebida «letal y siniestra»: La historia de ‘Chelsea Hotel #2’

En julio de 1994 Leonard Cohen confesó en una entrevista en la BBC que en su carrera había “una sola indiscreción”  que lamentaba "profundamente": haber relacionado el nombre de una mujer con una canción. La mujer era Janis Joplin. La canción Chelsea Hotel #2.

Todo había comenzado durante la primavera de 1968 en el Chelsea Hotel de Nueva York. El “Chelsea” había sido desde hacía décadas una guarida para ciertos bohemios y durante los años sesenta y setenta acogió a algunos de los más grandes del rock (Bob Dylan, Jimi Hendrix, Grateful Death, Janis Joplin…). Cohen había llegado al hotel en 1968, algo después de la publicación de su primer disco, y trataba de buscar “un lugar donde podría conocer a gente de mi propia especie”. Y fue allí cuando una noche de primavera de 1968, tras comerse una hamburguesa en sitio de comida barata cerca del hotel e “intentar encontrar a Dylan Thomas” en el White Horse Tavern (Thomas llevaba muerto más de una década), regresó al hotel y en el ascensor se encontró a Janis Joplin.

Desde que reveló que la canción estaba asociada a un encuentro con Joplin, Cohen hizo monólogos de lo más ingenioso sobre aquella situación. Según Cohen, Joplin estaba buscando a Kris Kristofferson y él mintió diciéndole “estás de suerte, yo soy Kris Kristofferson”, a lo que Joplin contestó que pensaba que Kristofferson era más alto. Sea como fuere, Joplin y Cohen acabaron juntos aquella noche. Una noche que dejó una huella evidente en el cantante canadiense, algo que nunca ha ocultado. No parece que ocurriera lo mismo con Joplin.

El 4 de octubre de 1970 murió Janis Joplin y Cohen quedo ciertamente afectado: “me gustaba mucho su trabajo y sentí que lo que dejaba era demasiado breve”. Puede que aquella tristeza, unida a cierta nostalgia del pasado y a la huella profunda que Joplin había dejado en Cohen —como había hecho en muchas otras personas— empujaran al cantautor a escribir Chelsea Hotel #2.

En algún momento 1971, no mucho después de la muerte de Joplin, Cohen estaba en un restaurante polinesio de Miami y allí mismo empezó a escribir los primeros versos de la canción en una servilleta. En sus monólogos —de notable calidad narrativa y humorística— adornaría la situación diciendo que estaba tomando "una bebida de coco letal y siniestra”. Como me dijo un conocido, "podía haber sido monologuista o lo que le hubiera dado la gana".

Con la ayuda de Ron Cornelius (guitarrista y líder de su banda en aquella época) fue dándole forma a la canción hasta acabarla definitivamente (o eso parecía) durante un vuelo entre Nashville e Irlanda. En aquella época estaba permitido fumar en los aviones y, según le contó Cornelius a Sylvie Simmons para el libro I’m Your Man: The Life of Leonard Cohen, ambos pasaron la mayor parte de las más de 8 horas de vuelo en la parte trasera trabajando en la canción y fumando. Al aterrizar en Shannon la canción estaba escrita.

Pero Cohen quería más. Siguió trabajando en la letra y añadió algunos versos que acabaron dándole el carácter definitivo. La letra quedó terminada durante un viaje a Asmara (Etiopía) y el “#2” fue añadido para distinguirla de aquella primigenia versión terminada durante el vuelo transoceánico. Además de plasmar el encuentro y hacer referencia a  la fiereza y la vulnerabilidad de Joplin, en Chelsea Hotel #2, como en toda obra obra de arte verdadera —obra de arte debería bastar—, hay algo más profundo que lo que a primera vista pudiera parecer.  El encuentro con Janis Joplin al que remite la letra se acompaña del retrato de aquella generación, estos dos elementos se alimentan el uno con el otro y elevan la canción.

"You were talking so brave and so sweet / Givin' me head on the unmade bed / While the limousines wait in the street / Those were the reasons, that was New York / We were runnin' for the money and the flesh / And that was called love for the workers in song / Probably still is for those of them left”

El público pudo escuchar la canción por primera vez el 23 de marzo de 1972, durante el tercer concierto de una serie que Cohen ofreció en el Royal Albert Hall londinense. Desde entonces la estuvo tocando en directo y en 1974 la grabó como parte de su cuarto disco de estudio, New Skin For the Old Ceremony. Los títulos de los discos de Leonard Cohen siempre se movieron entre lo prosaico (Songs of Leonard Cohen, Ten new songs…) y lo místico. En esta caso, a pesar de este halo de misticismo, New Skin for the Old Ceremony era también un título prácticamente literal.

La vieja ceremonia de las canciones se presentaba esta vez con una piel nueva. El disco suena ciertamente orgánico, pero no en el mismo sentido que lo habían hecho discos anteriores . Cohen empieza a abandonar el minimalismo de su primera época y aparecen nuevos instrumentos (banjos, violas, mandolinas…), un trabajo más cercano al de un cantautor europeo. La condición de canadiense de Cohen siempre le dio un toque diferente y un aire cosmopolita entre Estados Unidos y Europa. También era el año 1974 y muchas cosas habían cambiado en el mundo y en él desde el comienzo de su carrera musical. La posición de Cohen en la industria se había consolidados y él había crecido como músico. Sin embargo, ese nuevo sonido no afectó a Chelsea Hotel #2. La canción conservó un sonido más cercano a lo que había estado haciendo anteriormente, como si la canción perteneciera a otra época y como tal hubiera que tratarla.

La revelación
En las notas que aparecían junto a un recopilatorio que Cohen publicó en 1975 ya se podía leer que la canción hablaba de un encuentro con una “cantante americana”, aunque aún tardó en desvelar quién era. El 25 de abril de 1976, en un concierto en Montreux (Suiza), fue la primera vez que pronunció el nombre de la musa de aquella canción: Janis Joplin.

Desde entonces, Cohen estuvo contando, en versiones más o menos parecidas —salpicadas de detalles algunas veces o más escuetas otras—, parte del origen de la canción. Las historias siempre mezclaban la hilaridad y la tristeza, dos elementos que convivían en Cohen con total naturalidad. Y así fue hasta aquella entrevista de 1994 en que pidió disculpas públicamente por su “indiscreción”. Nunca volvió a hablar de la canción antes de entonarla, aunque no dejó de cantarla. De hecho lo hizo incluso durante su última gira poco antes de morir.

Chelsea Hotel #2 se convirtió en una de las composiciones  más famosas de Leonard Cohen y muchos la han versionado con más o menos acierto (Lana del Rey o Rufus Wainwright entre otros), incluso Lorenzo Silva sacó el título de su novela Música para feos de uno de los versos de la canción: “You told me again, you preferred handsome men / But for me you would make an exception / And clenching your fist for the ones like us / Who are oppressed by the figures of beauty / You fixed yourselfyou said ‘Well nevermind / We are ugly but we have the music’”.

Fotografía: Wikipedia

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